viernes, 13 de enero de 2012

Historias mínima - Valeria

Valeria tiene una tristeza profunda que disimula con sus flequillos prolijos y sus cabellos brillantes. Su voz es aguda y sus palabras a veces guillotinan cuando uno menos se lo espera. Los ojos se le caen hacia adentro y esas alas plumosas tienen un peso que le juegan en contra. Quiere  irse. Volar. Saborear quizás un francés perfecto y sorprenderse con trozos de esperanzas auténticas. Pero todos los días reprograma su vuelo. Y los días se van convirtiendo en años. En parte por esos besos de ese hombre que cree no tener sombra. Un hombre cascarudo que hace mucho ruido y no termina de irse... tampoco de llegar. Por otro lado, su familia. Chiquita. Rota. Pero siempre presente.
Ella duerme abrazada a una ilusión. Y a veces, la ilusión también la abraza.

martes, 6 de diciembre de 2011

Historias mínima - Sofía

A Sofía la estafaron. Vino a este mundo, a una familia numerosa que sistemáticamente se fue desmembrando en partes cada vez más grandes. Buscando siempre arrullo, encontró pura desolación. Y ya grande, se enamoró de un amor que paseaba en una moto a la que apodaron Cuyanensi. Un buen día, Simón dió por tierra la teoría de los criollitos. Y tres años más tarde Genaro, con sus ojitos rasgados, llegaba a este mundo el mismo día que llegó su hermano: príncipes de la risa, enemigos del llanto.

martes, 22 de noviembre de 2011

Historias mínima - Verónica

Verónica va y viene entre palabras. Igual que van y vienen sus emociones. 
Se para en una rama y mira hacia abajo previendo un vuelo. Imaginando el descenso, el airecito en la cara, los manchones de luz sobre la espalda. Sí. Le seduce, pero no lo bastante. 
Inquieta, siempre insatisfecha, ve otra rama. Llega hasta ella y desde ahí mira de nuevo al suelo. Se vuelve a imaginar el vuelo, el airecito en la cara y su espalda manchada de luz. Esa rama es distina. Quizás mejor que la anterior. Sí, definitivamente, mucho mejor. Pero no es suficiente. Cuesta encontrar la rama adecuada para el vuelvo adecuado.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Historias mínima - Alicia

Alicia fue directora de un instituto terciario con orientación artística por muchos años. Recién afuera de la institución pudo tatuarse un buho en el antebrazo. Explica mientras muestra con recelo su marca: en mi época el tatuaje era típico del ámbito carcelario, así que cómo una mujer se iba a tatuar. Y después, ya de grande... que uno puede decidir, entré en esto de la docencia. Y viste, una maestra con tatuaje, no. Y menos una directora que tiene que hablar con los padres, con las otras maestras, que está al frente de una institución.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Historias mínimas - Ramón

El otro yo de Ramón, no se llama Armando Corriente, sino Ernesto. Y encuentra en el taller de cuenta cuentos de la Daspu, lo mismo que en el taller de fotografía del Puam: puros misterios. Afirma más para él que para su interlocutor, que toma imágenes desde lo que siente. De lo que siente él como individuo, como persona; y, cuando dimensiona la palabra mirada, se les humedecen los ojos y la voz se le quiebra. Se despide  reflexionando algo que aparentemente le pesa: uno a lo largo de la vida autorechaza esa mirada todo el tiempo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Palabras mutantes

Llegando el fin de año, la lengua, mí lengua, parece trabarse más que de costumbre.
Las palabras se embotellan en mi cabeza y la modulación que permite tanta cosa, como construir expresiones lógicas con sentido y así comunicarse con el entorno; en mi caso, traduce el acumulamiento de dato en sonidos secos, extraviados. Palabras mutantes, llenas de jorobas y de amputaciones forzosas. Un proceso comunicativo lleno de baches.
Cuando más jóven, esto me ponía nerviosa. Sentía una mezcla de tristeza y verguenza, que hacía todavía más penoso el diálogo.
Pensaba, pero qué cosa tan rara esto... en mi cabeza, todo está tan clarito, tan lógico, tan perfecto... y acá en la interperie todos estos sonidos están tan desconectados que incluso si yo fuera mi propia interlocutora, no podría entenderme.
Pero hoy, mientras mi lengua me pone sancadillas cuando hablo, lo que intento superar es la risa. Dominar la carcajada ante aquél que así, sin más se dá con monosilabos agonizantes y desencajados.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

No es quizás la mejor

No es quizás la mejor. Pero es una aproximación bastante cercana a eso que me parece tan subyugante. A ese color digital que me recuerda al color de la diapo. Y de aquí salto a la década del setenta y hago otra elipsis temporal para contemplar otro recuerdo que me rescato sin tanta maniobra.
Reconozco cada uno de sus defectos, de sus no-virtudes. Sé del desenfoque, del movimiento, del encuadre, del ángulo de toma, del poste de luz, de los cables, de la basura del sensor, del fondo, del verde.... Y más aún, sé del terrible parecido que la une a otras miles, millones de tomas similares. Sé que su particularidad se ahoga en esa masa anónima de imágenes que pierden más y más con la llegada de una nueva. Sé que naufraga en esta  hartante y continua repetición de esas búsquedas que no buscan y exponen con ignorante valentía, más por lograr lo que otros lograron ya, que por motivaciones más sensibles y profundas.
Sí, no es quizás la mejor.